Guy de Maupassant
“...Por tanto, en lugar de explicar extensamente
el estado del espíritu de un personaje, los escritores
objetivos buscan la acción o el gesto por medio del
cual ese estado de ánimo coloca a ese hombre en una
situación determinada. Y hacen que se comporte de tal
modo, desde el principio al final del libro, que todos sus
actos, todos su movimientos, sean el reflejo de su naturaleza
íntima, de todos sus pensamientos, de todos sus deseos,
de todos sus titubeos. Por lo tanto, ocultan la sicología
en lugar de exhibirla; construyen el esqueleto de la obra,
del mismo modo que la osamenta invisible es el esqueleto del
cuerpo humano. El pintor que realiza nuestro retrato no descubre
nuestro esqueleto (....) Además, tras haber planteado
esa verdad de que en el mundo entero no existen dos granos
de arena, de moscas, dos manos o dos narices iguales totalmente,
me obligaba a expresar, con unas cuantas frases, un ser o
un objeto de forma tal a particularizarlo claramente, a distinguirlo
de todos los otros seres o de otros objetos de la misma raza
y de la misma especie.”
Stephen King
“Si tengo que decirlo, salgo perdiendo. Gano, en
cambio, si puedo enseñar a una mujer callada y con
el pelo sucio, devoradora compulsiva de galletas y caramelos,
y lograr que el lector deduzca que Annie se halla en la fase
de depresión de un ciclo maníaco- depresivo.
Y si puedo comunicar la perspectiva del mundo de Annie, aunque
sea brevemente (si puedo hacer entender su locura), quizá
consiga que el lector simpatice con ella, e incluso que se
identifique. ¿Resultado? Que da más miedo que
nunca, porque se aproxima a la realidad. Por otro lado, si
la convierto en una arpía siniestra, sólo será
otra bruja de cartón.”
Gabriel García Márquez
“El lector de novelas se imagina las cosas como
quiere -rostros, ambientes, paisajes...- mientras que el espectador
de cine o el televidente no tiene más remedio que aceptar
la imagen que le muestra la pantalla, en un tipo de comunicación
tan impositiva que no deja margen a las opciones personales.
¿Saben ustedes por qué no permito que Cien años
de soledad se lleve al cine? Porque quiero respetar la inventiva
del lector, su soberano derecho a imaginar la cara de la tía
Úrsula o del Coronel como le venga en gana.”
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