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de novela y de cuento
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Personajes de novela y de cuento
En la CLASE
1 hablamos de los diferentes abordajes que nos plantean
los géneros narrativos. Dijimos entonces que, generalmente,
cuando nos invade la idea de un cuento, vemos que es el conflicto
lo que aparece o debería aparecer como prioridad. El qué pasa, suele venir antes o más definidamente
que el a quién le pasa; no así en la
novela donde la elaboración del o los personajes que
se ven inmersos en determinada historia se nos aparecen como
demanda inicial para organizar el entramado narrativo. Esto
no significa que en un cuento los personajes no resulten significativos,
pero podría decirse que en la escritura de un cuento
es el conflicto mismo el que determinará quienes lo
protagonizan. Luego, entonces, debemos ocuparnos de ellos
para que puedan encarnar el suceso que hemos de relatar. Recién
entonces, cuando tenemos el conflicto vamos modelando a sus
protagonistas. En la mayoría de las novelas, en cambio,
el proceso se invierte: vemos al o a los personajes en su
devenir, la historia surge de ellos, los avatares, las circunstancias
surgen de ellos. Con frecuencia nos vemos necesitados de acompañar
(como testigos o relatores) el destino que ellos van cumpliendo.
Insistimos sin embargo en que esto no es una regla fija, sino
un intento de aproximación para analizar el tema.
Por otra parte, y aunque resulte obvio, señalaremos
que no es indispensable que el personaje protagónico
sea un ser humano. Como ejemplo baste el cuento maravilloso
de Dino Buzzati donde una gota de agua es la protagonista
absoluta del relato, o la novela anónima de literatura
erótica Historia de una pulga donde el pequeño
ser se convierte en el protagonista indispensable de una fabulosa
crónica, despiadada en su crítica social. Y,
ni Buzzati, ni el autor de esa preciosa obra anónima,
dieron más referencias sobre sus personajes principales
que las que podemos ofrecer en este simple análisis.
Cómo construir y contar un personaje
Dejando las genialidades que nos depara la literatura, vamos
a abocarnos a la mayoría de los relatos y novelas en
los que los hechos suelen sucederle a personajes “de
carne y hueso”. Observamos aquí varias cuestiones
importantes: en principio, resulta altamente recomendable,
casi obligatorio, elegir previamente a la escritura de la
idea, unos pocos elementos claves para definir a los personajes
que la protagonizan. Salta a la vista que del único
modo que puede acertar el autor en esta selección,
es después de una reflexión profunda acerca
de quién es o quiénes son esos personajes que
usará. Es evidente que sin este análisis nos
veremos incapacitados de elegir con precisión el breve
puñado de rasgos (físicos, psicológicos,
morales y /o históricos, etc), que presentaremos a
los lectores a fin de que puedan acceder a la vivencia del
relato, sin cuestionamientos o reparos que intercepten la
lectura. Este análisis previo también es recomendable
en el caso de escribir una novela pero hay una gran diferencia
entre el plazo que se nos otorga para mostrar a nuestros personajes
en uno y otro género. Digamos que en la novela podemos
tener un párrafo de más que mencione ciertos
aspectos no sustanciales del personaje si por ello causarle
mayor daño a la obra. Pero en un cuento, esos detalles
superfluos podrían echar a perder el relato. Por tanto
resulta imperioso dedicarnos a ver cuáles de todos
esos elementos de la fisonomía y la psiquis e historia
de un personaje sirven y convienen a la idea, al conflicto
que nos ocupa.
¿Un personaje de cuento?
Pongamos por caso que el protagonista
somos nosotros, con nuestros rasgos físicos, nuestro
carácter, gustos, vivencias, recuerdos, nuestra historia
y esperanzas. Quién mejor que nosotros mismos para
saber cómo es ese personaje. Pero en el caso de que
sea otro el que quiera saber cómo somos, no nos servirá
de mucho ese conocimiento íntimo y absoluto si no prestamos
atención a quién nos pide conocernos.
Si nos quiere conocer el gerente de personal de una empresa
a la que aspiramos a entrar como empleados y nos da la posibilidad
de una breve carta de presentación para acompañar
el currículum donde consta nuestra biografía
laboral y estudios, tendríamos que recorrer la enormidad
de rasgos que nos pertenecen para señalarlos en esa
carta con el fin de obtener el puesto que nos interesa. Revisaremos
punto por punto qué significación en ese informe
puede tener por ejemplo, nuestro gusto por ir a bailar salsa
a los boliches de Ramos Mejía o la fascinación
que ejerce sobre nuestros sentidos el aroma a lavanda. La
lógica indica que adecuaremos entonces no sólo
los detalles pertinentes (exagerándolos y valorizándolos
en algunos casos) sino que lo haremos en un lenguaje acorde
con el tipo de puesto laboral que estamos tratando de conseguir.
De nuestra pericia resultará el convencimiento para
ese gerente de que somos la persona ideal para ocupar el puesto.
El mismo mecanismo usamos en un cuento. Análisis y
selección de datos y rasgos para ofrecer al lector
un personaje capaz de haber vivido aquello que contamos.
En la próxima clase veremos con qué situación
cotidiana podríamos comparar la construcción
de un personaje de novela.
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