Juan Bosch
“El novelista crea caracteres y a menudo sucede que
esos caracteres se le rebelan al autor y actúan conforme
a sus propias naturalezas, de manera que con frecuencia una
novela no termina como el novelista lo había planeado,
sino como los personajes de la obra lo determinan con sus
hechos. En el cuento, la situación es diferente; el
cuento tiene que ser obra exclusiva del cuentista. Él
es el padre y el dictador de sus Criaturas; no puede dejarlas
libres ni tolerarles rebeliones. Esa voluntad de predominio
del cuentista sobre sus personajes es lo que se traduce en
tensión por tanto en intensidad. La intensidad de un
cuento no es producto obligado, como ha dicho alguien, de
su corta extensión; es el fruto de la voluntad sostenida
con que el cuentista trabaja su obra. Probablemente es ahí
donde se halla la causa de que el género sea tan difícil,
pues el cuentista necesita ejercer sobre sí mismo una
vigilancia constante, que no se logra sin disciplina mental
y emocional; y eso no es fácil.”
Flaubert
«Cuando pases ante un tendero sentado a la puerta de
su tienda, ante un portero que fuma su pipa, ante una parada
de coches de alquiler, muéstrame a ese tendero y a
ese portero, su actitud, toda su apariencia física
indicada por medio de la maña de la imagen, toda su
naturaleza moral, de manera que no los confunda con ningún
otro tendero o ningún otro portero, y hazme ver, mediante
una sola palabra, en qué se diferencia un caballo de
coche de los otros cincuenta que lo siguen o lo preceden.»
Abelardo Castillo
“¿Cómo es Esteban Expósito? Digo
que tiene el perfil de un gavilán que anda buscando
pajaritos y que, si no se apura a morirse, va a ser calvo.
Nada más. El lector es el que pone las siluetas de
los personajes.”
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