> Describir un
lugar amado en nuestra infancia, sin apelar a la fórmula:
Yo amaba a ese lugar.
Hacerlo utilizando como narrador al adulto que somos y recuerda
las sensaciones, el olor, los detalles del sitio. Luego volver
a describirlo cambiando el narrador: desde el niño
que fuimos.
Tanto en uno como en el otro ejercicio el lector debería
sentir lo entrañable que es o fue para nosotros ese
sitio.
> Describir el mismo lugar
(el que hemos amado) desde la voz y los recuerdos de alguien
que lo detesta, o lo ha detestado.
En este ejercicio y comparándolo con los anteriores
debería hacerse evidente que no son los temas los que
definen los textos sino el abordaje que hace sobre ellos el
autor.
|