Fundación Avon
 
Taller Virtual de Iniciación a la Narrativa
Clase 3 - Lo que hay que saber

Los amigos que sólo ven virtudes en lo que escribo podrán leerme con más calma cuando ya el libro esté editado; los que son capaces de ver también defectos, y de señalármelos, ésos son los lectores que necesito antes.
Gabriel García Márquez


> ¿Cómo se estructura un cuento?

> La estructura de un cuento

> La estructura de la novela

¿Cómo se estructura un cuento?

Cuando sentimos esa imperiosa necesidad de sentarnos a escribir un cuento o una novela pero no sabemos por dónde comenzar, o la idea de lo que queremos decir es algo fluctuante y difícil de ver con claridad –situación que por lo general le toca vivir al que da sus primeros pasos en el oficio- no debemos entrar en pánico. Hay algo difuso que nos da vueltas, quizá agarrado de una oración que nos conmueve, hay una dirección hacia la que se quiere ir, pues bien: partamos de esto. Pongámoslo en el papel si la ansiedad no nos permite seguir elaborándolo mentalmente hasta tenerlo más claro. Al escribirlo, nos damos cuenta de que, de manera natural, agrupamos las palabras en oraciones, las oraciones en párrafos, los párrafos en bloques o partes. Esto es la estructura primaria o primitiva de un texto. Primitiva en el sentido de inicial, el embrión de nuestro relato. Las partes que lo componen y que se adecuan a la modalidad narrativa en la que pretendemos amparar la narración conformarán un esqueleto inicial. En el caso de una novela y si no tenemos un plan de vuelo a la manera de John Irving (ver PARA TENER EN CUENTA), aconsejo empezar por cualquier lado, sin importar hacia dónde vamos, por lo menos en las primeras cincuenta o sesenta páginas. Es preferible tomar contacto con el mundo de los personajes y las situaciones de las que vamos a hacernos cargo, antes que dejarnos paralizar por la consideración de si el texto que estamos por escribir será el capitulo inicial de la novela o no. Es muy común que al avanzar en la escritura nos demos cuenta de que hemos empezado a contar antes o después de lo necesario, y lo que en un primer momento fue Capítulo 1, termine siendo el párrafo medio del capítulo 4, o un bollo de papel en el tacho de basura. Antes de la página 100 se impone, claro, analizar todo el material escrito y sentarnos a pensar hacia dónde estamos yendo, hacia dónde nos han llevado los personajes, qué queríamos contar en un primer momento, qué queremos contar ahora, y si lo estamos logrando. Allí también es momento de hacer una lista o guía de hacia dónde encauzaremos lo que siga, qué cosas faltan escribir para llegar al final y qué cosas sobran. Esto es sólo una de las formas posibles de sentarse a escribir una novela, pero no la única. Pues hay autores que desde antes de sentarse a poner la primera oración ya tienen la guía mental o escrita de las sucesivas partes del futuro texto. Todas las formas son válidas, cosa que no es tan así en un cuento, donde por experiencia propia y ajena, sugiero detener la marcha hasta no tener en claro hacia dónde quiero ir, qué quiero contar, cuál es el asunto que voy a narrar. Y una vez decidido esto debo comenzar por contar lo que más se aproxima a ese nodo, después siempre habrá tiempo para agregados. Pero por favor, si quiero contar que un niño de escuela descubre a su mejor amigo besando a su adorada compañerita de banco y reacciona con crueldad, no empecemos el relato contando qué hermoso mantel eligió la madre del niño para servirle el rico desayuno que le preparó antes de llevarlo a la escuela, a menos que este detalle tenga que ver con los sucesos cruciales.


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La estructura de un cuento

Tengamos también presente que en la estructura del cuento clásico hay tres partes fundamentales, en la primera abrimos el relato, preparamos la acción, damos la información elemental para que el lector sepa por ejemplo que el protagonista es un perro al que le llaman El Viejo y no un anciano que tira tarascones cuando se enoja. Fuera de broma, esto sucedió en una de mis clases, donde uno de los autores supuso que era divertido darle alas a esa confusión por lo que los lectores nos pasamos casi tres páginas tratando de entender cómo era que dejaban a ese loco suelto y pensando qué inverosímil el relato, hasta que en una de las oraciones finales se aclaraba el asunto. Tarde, por supuesto. Eso es jugarle sucio al lector. Si se quiere conseguir que el lector vaya por un rumbo de lectura equivocado de antemano, para que la revelación final lo sorprenda, esto debe hacerse mostrando elementos precisos donde la ambigüedad juegue naturalmente a nuestro favor, no mintiendo con descaro. Esto último sería una mala utilización de los recursos, una burla. Cada autor pensará con qué cartas juega para conseguir ganar el partido, cuáles muestra primero y cuáles guarda para después, pero el mazo debe estar sobre la mesa. Tampoco puede el autor afirmar que si el cuento no se entiende es por las pocas luces del lector. Ningún libro viene con un diskette explicativo, o con el teléfono del autor para que nos cuente qué quiso decir.
Poner información clara en la introducción no quiere decir que pasemos revista a las características de los personajes, o que detallemos obligatoriamente el sitio donde ocurrirá el suceso, se trata de controlar que cada frase tenga los elementos necesarios para que el lector no siga pistas falsas. Dar los elementos para que la narración pueda avanzar hacia donde queremos dirigir la acción principal, el nodo conflictivo.
El cierre debe ser contundente, no alargarse en conclusiones a modo de mensajes de autor o moralejas sobre lo que ha pasado. Cerrar la narración en el momento preciso implica muchas veces quitar esas oraciones donde el propósito del autor sobre lo que debería “entender” el lector se hace evidente. Todo lo que puede expresar un cuento está en la escritura del cuento no en la intención que el autor haya tenido al narrarlo.



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La estructura en la novela

En la novela, y siempre refiriéndonos a una estructura básica, también hay una parte de presentación de los personajes y situaciones, lo que se dice abrir las líneas del relato, comenzar a acercar al lector a ese mundo que se nos ha ocurrido mostrar, recortándolo de la inmensidad de mundos posibles. En la parte media toda esas líneas estarán en juego y bailarán y se enroscarán por aquí y por allá, formando una urdimbre particular, y después habrá que ir tomándolas nuevamente con firmeza, para juntarlas antes del desenlace. Por lo dicho salta a la vista que hay momentos estructurales en toda obra y que conviene tenerlos en cuenta. Si estamos ya trabajando en el nudo de la historia y hemos contado los conflictos que involucraron a tres personajes, si ya estamos comenzando a jugar el desenlace, no es aconsejable la aparición de un cuarto salvo que se haya preparado desde el inicio de la obra la expectativa hacia su presencia. Del mismo modo si le doy espacio a un personaje en la primera parte, si lo acerco al lector, si le doy participación en el mundo, no lo puedo olvidar como se olvida un diario ya leído en el asiento del tren. Debo al menos, cerrar esa vida con una “muerte digna”, y esto no quiere decir que deba matarlo inventando una cardiopatía o un crimen pasional, sino indicar de un modo preciso cómo se aparta ese personaje de la historia que nos ocupa.

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Lo que hay que saber

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