"La primera versión
de un texto es sólo un mal necesario. Suele estar tan
lejos de aquello completo e intenso que uno difusamente ha
concebido, que ir construyéndolo provoca cierta inquietud.
Lo bueno es lo que viene después: trabajar sobre ese
primer borrador, y los que siguen, hasta ir acercándose
lentamente a eso que se busca. Cuando uno descubre que ese
es, de verdad, el acto creador, que corregir no es otra cosa
que ir encontrando el Moisés dentro del bloque de mármol,
cuando uno se desentiende del tiempo que lleva ese acercamiento
y sólo le importa hasta qué punto el texto va
aproximándose a la forma que le corresponde, entonces
ya no necesita que otros le confirmen que es escritor. No
hace falta que le digan que el texto literario es un hecho
artístico. (...) La inspiración no existe, en
eso se parece a las brujas. Entonces, cuando las palabras
parecen cantarle a uno en la oreja, y siente que todo lo que
está escribiendo tiene la música justa, el ritmo
exacto, la tensión precisa que debe tener, uno puede
llamar a ese estado de privilegio como más le guste,
pero lo mejor es que suelte el freno y deje rodar la locura.
Es hermoso, sólo que no hay que creer que es el único
estado en que se hace literatura. Porque se corre el riesgo
de no escribir más que una página en toda la
vida."
Liliana Heker.
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