“Quizás el
‘dato escondido’ más notable en una novela
moderna sea el que tiene lugar en la tremebunda Santuario
(Sanctuary), de Faulkner, donde el cráter de la historia
-la desfloración de la juvenil y frívola Temple
Drake, por Popeye, un gángster impotente y psicópata,
valiéndose de una mazorca de maíz- está
desplazado y disuelto en hilachas de información que
permiten al lector, poco a poco y retroactivamente, tomar
conciencia del horrendo suceso. De este ominoso, abominable
silencio, irradia la atmósfera en que transcurre Santuario:
una atmósfera de salvajismo, represión sexual,
miedo, prejuicio y primitivismo que da a Jefferson, Memphis
y los otros escenarios de la historia, un carácter
simbólico, de mundo del ‘mal’, de la perdición
y caída del hombre, en el sentido bíblico del
término. Más que una transgresión de
las leyes humanas, la sensación que tenemos ante los
horrores de esta novela -la violación de Temple es
apenas uno de ellos; hay, además, un ahorcamiento,
un linchamiento por fuego, varios asesinatos y un variado
abanico de degradaciones morales- es la de una victoria de
los poderes infernales, de una derrota del bien por un espíritu
de perdición, que ha logrado enseñorearse de
la tierra. Todo Santuario está armado con ‘datos
escondidos’. Además de la violación de
Temple Drake, hechos tan importantes como el asesinato de
Tommy y de Red o la impotencia de Popeye son, primero, silencios,
omisiones que sólo retroactivamente se van revelando
al lector, quien, de este modo, gracias a esos ‘datos
escondidos en hipérbaton’ va comprendiendo cabalmente
lo sucedido y estableciendo la cronología real de los
sucesos. No sólo en ésta, en todas sus historias,
Faulkner fue también consumado maestro en el uso del
‘dato escondido’.”
Mario Vargas Llosa
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