Concursos Interamericanos de Cuento y Poesía 2008
Ganadoras 2008
Mención
Concurso Interamericano de Cuento Espacio Avon 2008
La Virgen de pueblo y el póster de Frankenstein
María José Punte
Virgen fue parida en uno de los tantos recintos que contaminan con su osadía antiimpuestaria a los barrios de las afueras del Guayas, o sea, por Mapa-singer y Masparallá. Ni bien se libró la madre de ese peso ochomesino se fue corriendo, dejando a su única heredera, Virgen, con todas sus pertenencias: una casa de caña carcomida y un póster promocional de la película Frankenstein. Las vecinas del barrio se enteraron de esto y al vuelo se organizaron de tal manera que las recién paridas entraran de vez en cuando a darle de mamar a la nena. Hasta que tuviera cuatro años y fuera autosuficiente, claro.
Y así fue.
Pasaron cuatro años por la niña, con el increíble sentido de supervivencia que desarrollaban en Adondeyalesdije, como fue bautizado el barrio ese tiempito después.
Virgen se las arreglaba para ir a chupar agua de una de las mangueras comunitarias que se asomaban de una de las veredas a la vuelta de casa y para ir a robar grosellas y albahaca y tomates de las casas vecinas, lo que comía todo mezclado, tal cual venía. La convivencia era bastante llevadera. El póster de Frankenstein no renegaba mucho por la comida y era un buen confidente. Además la clave de su relación se sostenía en dos factores: él estaba ahí y no se iba.
Al cumplir diez años con Frank, como lo llamaba cariñosamente, Virgen recibió una visita inesperada. Y eso que cualquiera hubiera sido inesperada. Porque nadie la visitaba. Nunca. Era un hombre delgado y extraño que apareció de la nada con cámaras de televisión y una sonrisa falsa. Estamos con Virgen, en la visita sorpresa del mes y hemos venido a obsequiarle nada más y nada menos que… un televisor… y por si esto fuera poco una medalla a Mujer del Año, todo gracias a nuestra gran audiencia de su programa favorito, “Hágase un bolón de verde conmigo”. Virgen lloraba de la impresión, más por miedo que por alegría, porque le temía a las personas y no sabía hasta entonces lo que era un televisor. Esta pobre infeliz ?el hombre escupía la p con una dificultad forzada como si quisiera pronunciarla desesperadamente en otro idioma?, como pueden observar, está disfrutando de la mejor sorpresa de su vida y todo esto en vivo y para ustedes señores televidentes…
Luego de varias averiguaciones, Virgen descubrió que ese flaco que trabajaba para la televisión, o sea el aparato ese que ella tenía, estuvo preguntando por el barrio a quién consideraban la mujer más desafortunada de Adondeyalesdije y todos señalaron por unanimidad a Virgen, quien después de mucho esfuerzo de descifrar los dibujitos del aparatito ese, logró prenderlo para compartir con Frank el único canal que se veía claro. Además, cambiar de canal ya hubiera sido demasiado.
Fueron varias las tristes consecuencias que desencadenó este inesperado evento. Una de ellas fue que Virgen se volvió extrañamente famosa luego de ser presentada como la noticia urgente en los diarios extras y las crónicas noticias del almuerzo. Todos acordaron que su innecesaria asombrosa existencia era una noticia urgente.
?Capítulo desafortunado número uno: “No me dañen más la caleta”?. De golpe recibía canastos con víveres en la puerta e incluso algunos dañaban más las cañas ?y los caños? de la casa por el esfuerzo de introducirle naranjas entre las hendijas sin perder la oportunidad del glorioso carácter anónimo de las obras de caridad ?escribiendo dedicatorias en las cáscaras por si acaso.
?Capítulo desafortunado número dos: “Estás mal de la cabeza”?. Los más osados se atrevieron a invitarla a salir, hecho que era absolutamente inexplicable pero que tal vez tuvo que ver con una foto de primera plana de un lunes en la cual aparecía Virgen totalmente desnuda volviéndose automáticamente Bomba Sexy del mes y Mujer del Año. Por otro lado los críticos tacharon de improbable ese cuerpo exageradamente blanco bajo esa cara negrita; pero el editorial del día siguiente disipó todas sus dudas al hablar sobre el trágico dermo-mal-congénito de la desgraciada. Virgen aceptó salir con un par de admiradores que además de insistir agresivamente, le obsequiaron canastos grandes de frutas (no autografiadas), haciéndolo siempre por Frank a quien le estaba empezando a dar hambre, pero desembocando en ambos casos en terribles episodios con humanoides demasiado perfectos que luchaban por convencerla de que se podía lucir mejor sin tener la cabeza y el cuerpo remendados por todos lados. Virgen fingía oírlos y soñaba con un cartel que la esperaba lleno de hermosas costuras y paciencia, que jamás la interrumpiría al hablar.
?Capítulo desafortunado número tres: “Es hora de un picnic: ¡Oh el televisor!”? Con todo lo que aprendió, se esmeró por recrearle a Frank cada día una escena de las que había visto. Aprendió que existía el romanticismo y que se demostraba con un picnic. Desesperadamente tendió unos diarios y colocó las frutas. Lunes picnic. Martes flores. Miércoles te amo. Jueves no te cases ni te embarques. Viernes luz de velas. Sábado serenata. El domingo Dios vio que todo era bueno y descansó. Vamos a misa hagamos el amor seamos felices para siempre.
?Capítulo desafortunado número final: “Hueles a vino. Excesos y Rock and Roll”?.
¡Qué desconsiderado había sido Frank! ¡Qué falta de delicadeza! No la elogió por su nuevo peinado de ese día. Ni le dijo hasta ahora que la amaba. No le devolvió ni un solo beso. Descubrió que Frank era un sucio y que existía la palabra egoísmo. ¡Eres un traidor! ¡Un impertinente! ¡Una rata de doble filo! ?Su frialdad no tenía límites?. Era cruel. No la merecía. A las chicas de la novela del mediodía nunca las hubieran tratado así.
Descubrió que Frank era un feo y que no se merecía su amor. Era un mantenido y no se merecía sus caricias. Era un ingrato y debía ser desconectado cuando esté en coma. Virgen sintió rabia. Sintió que desperdició sus años junto a él y no lo hubiera sabido si no hubiera llegado la “TV” ?como había aprendido a decirle? a salvarla.
Lo desprendió de las cañas y del cartel no quedó nada. Quemó los pedazos. Orinó y defecó sobre él. Escupió defecó de nuevo y blasfemó. Le juró que no volvería a verla.
Virgen se tranquilizó. Le pareció que olía mal y que era hora de darse un baño. Al fin salió de casa y se fue a la vuelta.
Se fue a la vuelta a bañarse. Y a chupar de una de las mangueras comunitarias.
Raquel Echanique
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